Tayrona siempre sera nuestro

Salimos con Coni desde Santa Marta rumbo al Parque Tayrona una mañana de calor infernal, luego de una noche de fiesta en el hostel La Brisa Loca (créanme que el hombre esta bien puesto).  La mezcla de calor, sueño y resaca no es una buena combinación, pero esa sensación, que en tu casa puede desencadenar un mal humor sin remedio, quedo opacada por el entusiasmo de conocer este lugar del que tanto nos habían hablado.

Tomamos una combi que nos dejo en la puerta del parque. Alli te daban algunas indicaciones y pagabas la entrada. Teniamos en mente quedarnos una noche y luego encarar a Palomino.

El Parque Nacional Tayrona, es una reserva natural a la que solo se accede a pie o en barco desde Taganga. El camino a pie es atravesando la selva. Es dificil perderse, en el camino siempre hay gente que va o viene. Hicimos la travesia con un grupo de chicos argentinos y dos chicas noruegas. Imaginense esas dos chicas perfectamente maquilladas en medio de la selva. Tengo que admitir que estaban impecables. Mi amiga y yo, estabamos un tanto mas desprolijas. El peso de la mochila, el calor y la tierra no nos jugaban muy a favor.

Luego de una caminata de aproximadamente 3hs, pasando por selva, playas, subidas, bajadas, claros abiertos, plantas exóticas y bichos raros, llegamos. Cabo San Juan estaba frente a nosotras, solo queríamos correr a la playa y tirarnos al mar… pero no, esperen. Teníamos que hacer el check in. Si, el check in de que nos íbamos a quedar allí. Las opciones para dormir eran hamaca o carpa. No lo dudamos mucho, elegimos carpa.

El parque cuenta con unas instalaciones muy buenas (para ser un lugar inhóspito en medio de la nada, nos sorprendió). Los baños estaban limpios, había varias duchas y si bien tenias que hacer cola para bañarte, era un baño de primera comparado con el balde que nos toco en isla Baru. El restaurante tenia comida bastante rica, no era cara, pero no era tan barata con los menús fijos de pescado, arroz con coco y patacón de Cartagena. Habia un kiosko/almacén para comprar cosas varias. Cabe aclarar que en el parque están prohibidas las bebidas alcohólicas (excepto las que se compran en el almacén) y las drogas. Los guarda parques inspeccionan las carpas y hasta pueden llegar a pedir revisar tus pertenencias.

La carpa contaba con dos colchonetas finitas como para amortiguar un poco y no dormir en el suelo. Dejamos nuestras mochilas en la carpa, pusimos candado a la carpa y fuimos directo a la playa.

Como ya era pasado el mediodía, decidimos quedarnos en la playa mas cercana, donde nos encontramos con varios conocidos del viaje. Digamos que varios grupos estábamos haciendo el mismo recorrido, Santa Marta – Tayrona. Habia caras familiares de la noche anterior que estaban en las mismas condiciones que nosotras.

Observamos el atardecer desde la punta del cabo, en la famosa casita que ves en todas las fotos. Alli hay varias hamacas como para poder relajarse y sentir la naturaleza.

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